EN LA ESPIRAL


Vicente González García
¿EN VERDAD, SOMOS LO QUE PENSAMOS QUE SOMOS?
Bien se dice que la vida puede compararse con una obra de teatro, es decir, donde todos somos diferentes actores aunque en un mismo escenario.
También pudiese semejarse con una orquesta, puesto que en dicha agrupación, no es necesario dominar todos los instrumentos para encontrarse en ella, de tal suerte que, basta sacarle a la perfección el sonido que uno de ellos emite y armonizar con los demás.
Así pues, recordando que nuestra vida en este mundo es temporal, y que el tiempo es un recurso valioso aunque no renovable, preguntémonos pues:
¿QUÉ HEMOS COMPRADO CON EL TIEMPO DE VIDA QUE HASTA HOY NOS HA REGALADO DIOS?
¿Nos hemos enriquecido con él? ¿Sí? Pero, ¿qué tipo de riqueza es la hemos adquirido o acumulado?
Muchos, sin duda alguna, por este y otros motivos, hoy en día nos sentimos realizados, importantes, influyentes, y hasta con el poder de rechazar a quien sea, y todo lo que nos plazca, al igual, todo aquello que no se ajuste a nuestras necesidades y complacencias mezquinas.
Y es que, al ignorar(¿?) que no somos en realidad lo que nosotros pensamos, ni lo que nos dicen “las gentes lisonjeras” (esas personas, que por el hecho de que gocemos de una posición económica elevada, o bien cuando adoptamos actitudes erradas que afectan incluso a nuestros propios hijos, nos elogian y aplauden), ¡¡qué fácil es que se nos olvide que, el ser humano verdaderamente rico es el que camina por este mundo teniendo su mirada bien puesta en el propósito y la meta de la vida, que no es otra cosa, sino el: (…..) “Alcanzar la Vida Perfecta sin la muerte, la Verdad sin el error, y el Amor sin el odio o el hastío: que es Dios”. (Fulton J. Sheen).
En este contexto, y otorgándonos el beneficio de la duda para darnos un poquito de ánimo, supongamos que, somos muchos católicos que, SÍ SABEMOS MUCHO de nuestra religión. Pero, la verdad es que, ¡¡¡DESGRACIADAMENTE, NO VIVIMOS LO QUE DECIMOS SABER!!!
SABEMOS QUE LA EUCARISTÍA ES LA FUENTE DE VIDA, PERO NO ACUDIMOS A LLENARNOS DE ESA PAZ QUE NOS DA. Sabemos perfectamente la importancia que representa en nuestras vidas el acudir a Misa, participar corporal y espiritualmente en la asamblea y fortalecernos con la Palabra de Dios. Pero, si se nos presenta la oportunidad de una fiestecita, una apetencia desordenada, o cualquier otra situación que nos dejará satisfacciones momentáneas, de inmediato, buscamos uno y mil pretextos para no acudir al Santo Sacrificio de la Misa, y llegar lo más pronto posible al lugar donde habremos de saciar nuestros absurdos deseos.
SACAMOS A DIOS DE NUESTRAS VIDAS PARA DARLE PASO A NUESTRAS COMPLACENCIAS.
Según nuestro necio criterio, en ese momento, Dios tiene que esperar, porque primero tenemos qué disfrutar de lo que nos gusta.
Pero, ¿qué sucede cuando tenemos problemas de salud, problemas familiares, o económicos? ¿A quién le pedimos que nos ayude si no es a Dios?
Pero, ¿ES QUE ACASO, DIOS SOLAMENTE DEBE OCUPAR UN PRIMER LUGAR EN NUESTRAS VIDAS CUANDO NOS AGOBIAN LOS PROBLEMAS?…. ¿CREEMOS PUES, QUE DIOS ES UN CUBRE HOYOS?
La verdad es que, pareciera que a muchos ¡¡NOS CUESTA DEMASIADO VIVIR LO QUE SABEMOS Y DESECHAR LO QUE DEBILITA Y MATA EL ESPÍRITU!!

Sabemos que participando en las celebraciones Eucarísticas es como le damos mayor gloria a Dios, y nadie ignoramos que el pecado, en su puntual significado es, “DARLE LA ESPALDA A DIOS”.
Y, una verdad inobjetable es que, el más grande mal está en que el pecado provoca la muerte de la Vida Divina que se halla en todos y cada uno de nosotros. Esto, vale para todos, ¡¡CREYENTES Y NO CREYENTES!!
Matar la vida del cuerpo no es nada comparado con matar la vida del alma. Mas, cometiendo pecado, es precisamente cuando se repite la Crucifixión.
Así pues, somos muchos los que nos jactamos de ser demasiado inteligentes, de ser unas verdaderas lumbreras en el firmamento como para creer en el pecado, y así evitamos fácilmente discusiones sobre la redención, y de paso, caer en el absurdo de considerar que somos exitosos al relacionar la religión católica con lo ingenuo, y lo necio.
Para los creyentes católicos, “NO VIVIR LO QUE SABEMOS QUE SOMOS, ES EXPONER A JESUCRISTO, AL HIJO DE DIOS, A LA BURLA, AL INSULTO, AL DESPRECIO Y SOMETERLO A JUICIO COMO LO HIZO PILATO, pero además, LO CRUCIFICAMOS DE MANERA TAN REAL COMO LO HICIERON LOS VERDUGOS”.
Qué difícil es para muchos de nosotros saber ciertamente que, “NUESTRA CONCIENCIA ES LA SALA DE AUDIENCIAS DE PILATO; AHÍ EN NUESTRO INTERIOR DIARIAMENTE SE NOS PRESENTAN BARRABÁS Y JESÚS.
BARRABÁS, representa los vicios, los asesinatos, el odio, el resentimiento, la venganza, la blasfemia, las murmuraciones, el indiferentismo, y las injurias, entre otras adicciones más que seguimos “apechugando como un auténtico tesoro en nuestras vidas”.
CRISTO, se nos presenta como la virtud, el amor y la pureza.
Aquí, ¿POR QUÉ NO NOS ATREVEMOS A DESCUBRIR LO QUE DECIMOS SER Y NO SOMOS? ¿A CUÁL DE LOS DOS LIBERTAMOS DIARIAMENTE? ¿Acaso no es verdad que nuestra conciencia grita habitualmente: ¡¡Suelta a Barrabás, y a Jesús, Crucifícalo!!?
Y cuando ya hemos crucificado a Cristo, cuando ya pusimos el último clavo y le hemos asegurado en la Cruz, ¿acaso nuestras conciencias no empiezan a temblar, así como se sacudió la tierra? ¿Acaso no nos mortificamos y nos invade el temor al reflexionar que Jesucristo, después de todo, es el Hijo de Dios y quien dio la vida para la salvación de todos nosotros?
Sin embargo, ¿Cuántos aún dudamos si en verdad necesitamos buscar el arrepentimiento? Y, si es así, ¿por qué nos quejamos cuando nos llegan los cobros que por consecuencia de las propias desviaciones en el camino nos hace la vida? Por qué gritamos ¡¡¡Dios!!! ¿Dónde estás?…, ¡¡¡ven, Señor mío y Dios mío, necesitamos de tu ayuda!!! Pero, frente a un espejo y con esa cara de angustia que ponemos, qué tal nos oímos y nos vemos cuando gritamos: ¿Señor, acaso no somos tus hijos?
Pero, ¿hemos reflexionado alguna vez en la vida que, unas manos que están clavadas, cómo pueden bendecir?, ¿Unos pies que están sujetados a la cruz, cómo pueden buscar almas que están perdidas?, ¿Y los labios que están resecos y quemados hablar palabras de perdón?
Ahora, bien sabemos que, quienes sigamos resistiéndonos a reconocernos pecadores, por creer que es humillante recurrir al sacramento de la reconciliación-penitencia, no escaparemos al juicio final donde cada uno seremos juzgados según nuestras propias obras.
CIERTAMENTE, SI EL CIELO Y EL INFIERNO SON RESULTADOS NATURALES E INSEPARABLES DE LOS ACTOS BUENOS Y MALOS EN EL ORDEN SOBRENATURAL, Dios es el amante Divino, pues, El nos ama con Amor Eterno. El nos alimenta con su Cuerpo y Sangre a través del Sacramento de la Eucaristía, y nos hace herederos del cielo.
Y, aunque muchos nos sigamos olvidando de esa Bondad Infinita, Dios no olvida su amor por cada uno de nosotros. Nos mima con gracias medicinales, a cada instante nos sigue susurrando al oído palabras de amor auténtico, porque El no miente, El no engaña. ¡¡¡PERO AÚN ASÍ, ESE DIVINO AMOR SIGUE SIENDO DESPRECIADO POR MUCHOS DE NOSOTROS!!!
Lo anterior, son cuestiones de Fe. Y el resultado de la falta de Fe es el mundo destrozado que miramos frente a nosotros día a día.
Dios creó un mundo acogedor, pero muchos de nosotros aún seguimos apostando a convertirlo en un mundo incompatible.
Jesucristo nos dice tajantemente: “Sin mí no pueden hacer nada” (Jn. 15,5).
…………Hasta la próxima, si Dios, nos lo permite….

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