EN LA ESPIRAL


Vicente González García
UNA NORMA JURÍDICA SIEMPRE IMPLICA RESTRICCIONES A LA CONDUCTA, PERO ¿SOLAMENTE DEBE APLICARSE A LA POBLACIÓN?
Como ya lo hemos anotado en más de una ocasión, que, de acuerdo a lo enmarcado en el Catecismo de la Iglesia Católica (1807), el Término JUSTICIA SOCIAL se describe, como: “La virtud moral que consiste en la constante y firme voluntad de dar a Dios y al prójimo lo que les es debido.
La Justicia para con Dios, señala el documento, es la llamada –la virtud de la religión-. Para con los hombres, agrega, dispone a respetar los derechos de cada uno y a establecer e n las relaciones humanas la armonía que promueve la equidad respecto a las personas y al bien común.
Poe ello, precisa: “El hombre justo, evocado con frecuencia en las Sagradas Escrituras, se distingue por la rectitud habitual de sus pensamientos y de su conducta con el prójimo.
En este mismo sentido, el Libro del Levítico precisa: “Siendo Juez no hagas injusticia, no por favor del pobre, ni por respeto al grande: con justicia juzgarás a tu prójimo”(Lv 19, 15); “No cometerás injusticia en los juicios, ni en las medidas de longitud, de peso o de capacidad” (Lv 19, 35). Y, San pablo en su Carta a los Colosenses les indica: “Amos, dad a vuestros esclavos lo que es justo y equitativo, teniendo presente que también vosotros tenéis un Amo en el cielo”(Col 4,1).
En esta línea de reflexión con respecto a la “Justicia Social”, es importante decir que, aún en estos tiempos, en que se habla tanto de democracia, de respeto a los derechos humanos, pero, sobre todo de JUSTICIA SOCIAL, hay quienes aseguran que la ley es imprescindible, y aunque sea injusta debe aplicarse.
Así, pues, no es una mentira el hecho de que, muchos líderes políticos y sociales, que se pronunciaron por defender las causas de comunidades enteras, los vemos convertidos en hombres autoritarios, dueños y creadores de una filosofía deshumanizada; se autonombran insustituibles, se presentan ante el pueblo con un dejo de despotismo, y se les describe con justa razón como auténticos anarquistas.

Por ello, no toda justicia legal es objetivamente justa, ya que, reducir la distancia que separa entre JUSTICIA Y DERECHO es uno de los objetivos prioritarios de todo progreso social y auténticamente humano. Y no podrá llegarse a ello jamás, “EN TANTO EL DERECHO Y LA JUSTICIA NO ESTÉN INFORMADOS POR LA CARIDAD”.
Y, es que, cuando un derecho otorgado por Dios es ignorado o reprimido mediante una INJUSTICIA LEGAL, la reacción será una “JUSTICIA ILEGAL”.
Pero, ¿quién o quiénes deciden si una ley es justa o injusta? Aquí habría que precisar que la mayoría de las constituciones políticas de los estados, en su contexto, estas, son consideradas como “LA SALVAGUARDA” de los derechos legítimos de todos, igualmente, se enmarcan los deberes ineludibles de cada ciudadano
Pero, ¿acaso nos hemos preguntado alguna vez si los representantes populares (DIPUTADOS) en verdad se han preocupado por promover y aprobar leyes justas, a partir de la realidad que viven sus representados?
Los hechos hablan por sí mismos. Y, es que una gran mayoría de ciudadanos, siguen coincidiendo en que, “NOS SON POCOS LOS LEGISLADORES QUE SOLAMENTE SE PREOCUPAN POR APOYAR REFORMAR LEYES QUE CONVIENEN A LOS INTERESES DE LA INSTITUCIÓN POLÍTICA A LA QUE PERTENECEN”.
Por ello, no es difícil entender que, el concepto de justicia que tienen quienes deben servir a la realización de esta, en la práctica sufren deformaciones, y por más que una y otra vez recurran a esta misma idea de justicia, la experiencia demuestra que frecuentemente “FUERZAS NEGATIVAS, COMO EL RENCOR, EL ODIO Y HASTA LA CRUELDAD, YA LES HAN TOMADO LA DELANTERA”.
Esto, se ha demostrado en diferentes regiones, donde legisladores y gobernantes, siguen sumergidos en una batalla de intereses ideológicos, mientras que los pueblos se “mueren de hambre” dadas las perversidades existentes.
No es pues mera casualidad que la mayor parte de las injusticias que siguen vigentes hoy en día, y en lo que se refiere a la aplicación de penas y sanciones por las diversas causales violatorias a las leyes vigentes, “LOS MÁS POBRES LLEVAN LAS DE PERDER CASI SIEMPRE”. Esto, bien sea porque el infractor no tiene el mínimo conocimiento de sus derechos y deberes, o bien, NO CUENTA CON LOS RECURSOS ECONÓMICOS NECESARIOS PARA PAGAR UN BUEN LICENCIADO EN DERECHO QUE LO DEFIENDA”. O, peor aún, “PORQUE CIERTOS JUECES (con sus debidas excepciones), SE DEJAN CORROMPER POR EL DINERO”.
Así pues, respecto al sistema de justicia que se sigue aplicando, hay quienes afirman que, las formas de representación del derecho, las formas de construcción social del derecho, “NÚNCA SE MIRARON COMO FORMAS QUE DEBERÍAN ESTAR POR ARRIBA DE LAS AUTORIDADES PÚBLICAS, Y POR ENCIMA DE LOS CIUDADANOS, de tal forma que esto fuera un marco en el cual, TODOS, CIUDADANOS Y AUTORIDADES REGULÁRAMOS NUESTRAS CONDUCTAS, Y EN CASO DE NO ACCEDER, SE JUZGARA DE IGUAL MANERA A TODOS SIN PRIVILEGIAR LAS CORRUPTELAS DE TANTOS SERVIDORES PÚBLICOS. ESTO PORQUE, “UNA NORMA JURÍDICA SIEMPRE IMPLICA RESTRICCIONES A LA CONDUCTA”.
Así, ante tantas leyes inicuas, obsoletas y ambiguas, lo menos que se pudiese pedir tanto a LEGISLADORES Y GOBERNANTES, es que, PARA ACTUALIZAR U OPONERSE A TALES O CUALES REFORMAS CONSTITUCIONALES, deberían de actuar, a partir de un discernimiento activo que defina con precisión cuáles son esos artículos vigentes que deben mantenerse intactos y por cuánto tiempo.
Igualmente, deberían observar, cuáles son los que deben modificarse, y así colaborar de manera efectiva a la realización y consumación de una auténtica cultura democrática, participativa y solidaria, representativa y subsidiaria, promotora de la dignidad y de los derechos inalienables de todos sin exclusión alguna.
Es una realidad palpable que, en muchas regiones aún siguen vigentes los sistemas de justicia que funcionan; PERO SON SISTEMAS DE PROCURACIÓN DE JUSTICIA QUE FUNCIONAN ENTRE COMILLAS, toda vez que, LOS CAMINOS POR LOS QUE SE SIGUEN CONDUCIENDO NO SON LOS MÁS ADECUADOS.
Esto, a pesar de las muchas o pocas reformas que se han hecho a las Constituciones, toda vez que estas, aunque algunos las consideren positivas, están lejos de satisfacer las necesidades reales de la sociedad en su conjunto.
Y aunque es hasta cierto punto vergonzoso decirlo, hoy la mayor parte de las injusticias que se cometen provienen de las excesivas desigualdades en el orden económico que se generan desde dentro de las Legislaturas, así como la demora con la que se aplican los remedios necesarios.
Otras más, nacen del espíritu de dominación, del desprecio a las personas y si se desciende a las causas más profundas, veremos que estas tienen su origen en la envidia, la desconfianza, el orgullo, y otras tantas pasiones egoístas de las que no se han podido librar los depositarios del poder temporal.
Así pues, ante este crudo y deshumanizante panorama, hay quienes siguen diciendo: “POBRE QUE ROBA ES LADRÓN, RICO QUE ROBA ES BARÓN”.
Carlos Mesters, en su obra, “La ley de Dios Herramienta de la comunidad” p. 5 nos dice que, “En el tiempo de Jesús, los fariseos y los doctores repetían al pueblo la Ley de los Diez Mandamientos, pero ellos mismos no los observaban (Mt 23, 4; Mc 7, 8-13; Jn 7, 19). Repetían sólo la letra y mataban el espíritu de la ley (Lc 11, 39-44). ¿Por qué? Porque no veían ni escuchaban que la ley había sido para educar y liberar (Gál 3, 24). Ellos sólo veían la letra y la imponían al pueblo conforme a la interpretación que le daban. Así, en manos de los fariseos y doctores, en vez de liberar, la ley tornóse una herramienta para dominar todavía más”.
AHORA, PREGUNTÉMONOS: “Actualmente, las leyes de nuestro país, las normas que los gobiernos imponen a las comunidades ¿QUÉ SON? ¿SON COMO LAS LEYES DEL FARAÓN? ¿SON COMO LAS EXPLICACIONES QUE LOS FARISEOS Y LOS DOCTORES DABAN DE LA LEY DE DIOS? ¿O SON UNA RESPUESTA AL CLAMOR DEL PUEBLO? ¿PROMUEVEN LA OPRESIÓN O LA LIBERACIÓN? (Carlos Mesters, “La Ley de Dios herramienta de la comunidad” p. 6).
…..Hasta la próxima, si Dios, nos lo permite…….

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