EN LA ESPIRAL 

      

Vicente González García

“TODOS DEBEMOS TRABAJAR PARA MERECER UNA CONVIVENCIA SOCIAL FRATERNA DONDE SE TUTELEN LOS DERECHOS HUMANOS”

En más de una ocasión en este mismo espacio, habíamos mencionado la gran riqueza que la Iglesia Católica ofrece a todo creyente y personas de buena voluntad, a  través de las Sagradas Escrituras.

Así pues, la Doctrina Social de la Iglesia Católica obsequia un abundante patrimonio literario fundado en el amor, y con probada legitimidad que no solamente mira hacia la formación de un hombre, sino que le anima a que, justamente vea en cada uno de los hombres a un hermano.

Esta perspectiva de hombre, establece la solicitud para conseguir el bien más universal y la voluntad de servir a las mayores necesidades, en vista del anuncio del Evangelio, anuncio que será mejor explicado si va escoltado del testimonio y de un compromiso cierto por la promoción del amor y la justicia.

 Sin amor, la vida pierde significado e intensidad. Todo aparece como irrelevante y sin valor. Para que nuestra existencia se aclare es fundamental sentirse amado y acogido con ternura por los que nos rodean.

Todos pues, sin excepción, tenemos la necesidad de ser amados; de unirnos a algo que nos realice, algo que nos trascienda. Y aunque existen algunas ideas difundidas por la ciencia y los estudiosos de la mente, LAS RELIGIONES ENSEÑAN QUE ESE ALGO ES EL DESEO DE DIOS COMO ALFA Y OMEGA DE NUESTRA VIDA.

Sin embargo, existen filosofías y/o doctrinas de pensamiento que le proponen al hombre LA NEGACIÓN DE DIOS. Y, evidentemente que el hombre sin DIOS se convierte en una fiera.

Po ello, ¿quien puede asegurar o negar que detrás del ATEÍSMO, del AGNOSTICISMO y del INDIFERENTISMO quizá se encuentre esa costumbre destructora que incesantemente sigue destruyendo todo intento de lograr la paz entre en las diversas comunidades?

¿Por qué pues percibimos esa incapacidad de sentirnos aceptados como en el seno de una familia y amados incondicionalmente por los demás?

¿Será porque estamos vacíos del amor de Dios? O quizás ¿No nos interesan las enseñanzas que nos proponen el Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia Católica?

Amar, no es otra cosa sino la capacidad de salir de nosotros mismos y quedarnos en el otro por él mismo. Dándole cuidado, ternura, cordialidad y capacidad de convivencia.

Amar, es la invitación que nos hace Jesucristo a dar el salto más allá de nosotros mismos, para poder dar amor al otro y a los otros, no interesándonos su posición social o económica.

Cuanto más nos salimos de sí mismos y nos comunicamos con los demás, con situaciones diferentes y con Dios, más oportunidad tenemos de enriquecernos en conocimientos, en experiencias y en valores.

Dando y dándose a los demás, con demasiada frecuencia se recibe mucho más de lo que se da. Dando es pues como se recibe.

Esto evidentemente que jamás deberá entenderse como muchas de las veces se hace en los diferentes niveles de gobierno, donde con dicha frase se justifican políticas de intereses ocultos y de intercambios de favores.

Es decir, si un determinado político apoya ciertas reformas a la constitución o cualquier iniciativa de ley propuesta por quien gobierna, el político recibe   cambio un beneficio económico, este puede ir a más de favores personales, hasta una cantidad significativa de dinero.

Lógicamente que, en el ámbito político-gubernamental, quienes hacen políticas púbicas, y utilizan la frase “DANDO ES COMO SE RECIBE”, no deben concebirla sólo en la absurda y “PINCHURRIENTA” “ASISTENCIA” que ofrecen a través de las famosas DESPENSAS, BECAS, etc. etc. Es decir, deben DAR ESE GRAN SALTO “HACIA LA PROMOCIÓN HUMANA” e, incluso, “AL MISMO CAMBIO DE ESTRUCTURAS SOCIALES, ECONÓMICAS Y POLÍTICAS” que procuren y ejecuten el BIEN COMUN.

Sobre La concepción de hombre que las Sagradas Escrituras nos hablan, SAN JUAN PABLO II, en su discurso inaugural de la III CONFERENCIA DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO verificada en la ciudad de Puebla, en Enero de 1979, subraya que: (….) “Quienes están familiarizados con la historia de la Iglesia, saben que en todos los tiempos ha habido admirables figuras de Obispos profundamente empeñados en la valiente defensa de la dignidad humana de aquellos que el Señor les ha confiado”. También afirma  que: “Lo han hecho siempre bajo el imperativo de su misión episcopal, porque para ellos la dignidad humana es un valor evangélico que no puede ser despreciado sin grande ofensa al Creador”.

“Esta dignidad, indica SAN JUAN PABLO II, es conculcada (atropellada) a nivel individual, cuando no son debidamente tenidos en cuenta los valores, como, la libertad, el derecho a profesar la religión, la integridad física y  síquica (espiritual), el derecho a los bienes primarios, a la vida…. Y, a nivel social y político, esa dignidad es violada, cuando el hombre no puede ejercer su derecho de participación o es sujeto a injustas y legítimas coerciones (dominaciones, restricciones, límites), o sometido a torturas físicas o síquicas (mentales, morales), etc.”.

Sin embargo, hoy en día, a muchos nos parece sobradamente normal, vivir en UN MUNDO CARACTERIZADO POR UN ESPÍRITU CRECIENTE, y, sin embargo, DIVIDIDO POR LA INJUSTICIA y CON EL ERROR  A CUESTAS, porque, EL HOMBRE DÍA A DÍA PUEDE HACER UN MUNDO MÁS JUSTO, PERO NO LO QUIERE DE VERDAD.

Prueba de ello, es que, “MILLOES DE PRÓJIMOS QUE TIENEN NOMBRE Y ROSTRO, SUFREN POBREZA Y HAMBRE; EL DESIGUAL E INJUSTO REPARTO DE LOS BIENES Y RECURSOS, ASÍ COMO LAS CONSECUENCIAS DE LA DISCRIMINACIÓN SOCIAL, RACIAL Y POLÍTICA”.

En este contexto, el principio tan anhelado de la JUSTICIA SOCIAL, que tan genial y engañosamente dicen defender y promover numerosas personas que se autocalifican como “AUTÉNTICOS SERVIDORES PÚBLICOS”, es evidentemente que, NO SE CONSIGUE CON DISCURSOS ELOCUENTES, Y MENOS AÚN ALEJÁNDOSE DE LOS PROBLEMAS DE SUS REPRESENTADOS.

Esta actitud evidencia claramente una expresión  ajena frente a la realidad que vive el pueblo. Sin embargo, son incontables las personas que, “PARA NO VERSE AFECTADOS EN SUS INTERESES Y ESTAR EN  PAZ (¿?), SIGUEN ECHANDO MANO A ESTE TIPO DE RECURSOS VERGONZOSOS”.

También , como ya lo citamos líneas arriba, el principio de JUSTICIA SOCIAL, no se consigue PROMOVIENDO Y OTORGANDO APOYOS AVAROS E INTERESADOS SOLAMENTE CON MIRAS AL VOTO ÚTIL PARA  LAS CAMPAÑAS POLÍTICO-ELECTORALES. Además hay que decir LA JUSTICIA SOCIAL TAMPOCO SE LOGRA ASISTIENDO A GRUPOS DE REFLEXIÓN.

Doctrina Social de la Iglesia Católica nos enseña que LA JUSTICIA SOCIAL se irá alcanzando en la medida que, tanto la comunidad política y la sociedad en su conjunto, asumamos nuestro compromiso de servidores auténticos y creyentes practicantes; trabajando en conciencia por el bien propio y a la vez por el del prójimo; poniendo al servicio de la comunidad nuestras capacidades y soluciones.

Por tanto, la mejor forma de remediar las dificultades personales, es, “OCUPARSE TAMBIÉN POR SOLUCIONAR LOS PROBLEMAS COMUNES”.

Para que estos deseos se vean cumplidos, “ES NECESARIO UNIR ESFUERZOS PARA RESPONDER A LOS SUFRIMIENTOS DE AQUELLOS QUE SE PODRÍA CREER QUE SUFREN EN SILENCIO”. Más, sin embargo, si se profundiza sobre el verdadero compromiso para con los demás, “ESE SILENCIO SERÍA MÁS BIEN IDENTIFICADO CON EL ESTILO INDISCUTIBLE DE NUESTRA MARCADA INDIFERENCIA Y EGOÍSMO ANTE EL DOLOR AJENO”.

“EN TODOS LOS CASOS –dice SAN JUAN PABLO II–, EL LAICO DEBERÁ BUSCAR Y PROMOVER EL BIEN COMÚN EN DEFENSA DE LA DIGNIDAD DEL HOMBRE Y DE SUS DERECHOS INALIENABLES, EN LA PROTECCIÓN DE LOS MÁS DÉBILES Y NECESITADOS, EN LA CONSTRUCCIÓN DE LA PAZ, DE LA LIBERTAD, DE LA JUSTICIA; EN LA CREACIÓN DE ESTRUCTURAS MÁS JUSTAS Y FRATERNAS”. (Documento de Puebla, n. 792).

DIOS, nos sigue susurrando UNA PALABRA DE ESPERANZA AL OÍDO; nos dice que esa ESPERANZA QUE TENEMOS DE QUE EL SILENCIO DESESPERANTE Y LA DIVISIÓN CONSTANTE QUE SE SIGUEN DANDO EN NUESTRAS COMUNIDADES, DESAPARECERÁN UN DÍA.

Por ello debemos entender perfectamente que, lo que Dios susurra a nuestros oídos, ES LA EXIGENCIA A CUMPLIR CABALMENTE NUESTRO COMPROMISO DE CRISTIANOS CATÓLICOS Y MOSTRARNOS SOLIDARIOS CON TODOS LOS QUE SUFREN.

Ese llamado explícito, es para que estemos dispuestos a convertirnos en instrumentos suyos y, según nuestras propias aptitudes  y responsabilidades, contribuir a transformar y humanizar sistemas y estructuras económicas, sociales y políticas como se precisa en el Documento de Puebla (n. 134), TRABAJAR PARA  MERECER“UNA CONVIVENCIA SOCIAL FRATERNA DONDE SE FOMENTEN Y TUTELEN LOS DERECHOS HUMANOS; DONDE LAS METAS QUE SE DEBAN ALCANZAR SE DECIDAN POR EL CONSENSO Y NO POR LA FUERZA O LA VIOLENCIA; DONDE NADIE SE SIENTA AMENAZADO POR LA REPRESIÓN, EL TERRORISMO, LOS SECUESTROS, Y LA TORTURA. CAMBIOS ESTRUCTURALES QUE ASEGUREN UNA SITUACIÓN JUSTA PARA LAS GRANDES MAYORÍAS”.

        ……….Hasta la próxima, si Dios, nos lo permite……..

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