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Los efectos psicológicos de ver futbol

El cerebro se desconecta

Tenemos diversas emociones mezcladas en el juego y a la vez secretamos sustancias químicas que nos producen placer, como las endorfinas: experto de la Facultad de Medicina

Pepe Herrera    Jun 8, 2026

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No hay duda de que el futbol, al igual que la mayoría de los deportes, conecta con un cúmulo de emociones que son liberadas a lo largo de los 90 minutos del juego. Podemos pasar de la felicidad a la tristeza, de la angustia a la esperanza, de la agonía a la ilusión. Un contraste de sentimientos por un simple juego.

Sin embargo, ¿qué ocurre en nuestro cerebro al ver un partido de futbol? ¿Por qué la derrota nos cuesta tanto procesarla y la felicidad por la victoria es efímera? ¿Cómo podemos manejar las emociones a lo largo del juego para que éstas no se desborden con tintes violentos como a veces suele pasar en los estadios o como últimamente ha sucedido cuando los fanáticos atacan lo primero que tienen a la vista (que usualmente es la TV)?

Para explicarnos qué ocurre en nuestro cerebro y por qué a veces exacerbamos nuestras emociones al ver un juego, platicamos con Víctor Manuel Rodríguez Molina, del Departamento de Fisiología de la Facultad de Medicina, quien compartió el motivo por el cual es muy recurrente que el futbol sea un desfogue de sentimientos.

“Los humanos tenemos un circuito de recompensa y éste se alimenta por cosas que son placenteras o que nos hacen sentir bien o queremos seguir experimentando. En el caso del futbol, este circuito se nutre cuando nuestro equipo gana. Sin embargo, si nos marcan un penal, una expulsión o perdemos, éste decae. Tenemos diversas emociones mezcladas en el juego y a la vez secretamos sustancias químicas que nos producen placer, como las endorfinas”, comentó.

Rodríguez dijo que cualquier evento deportivo es un “desfogue” de emociones y que el cerebro se “desconecta” para permitir que éstas florezcan. Esta desconexión provoca que aflore lo que se llama “cerebro primitivo”, cuando ya no se piensa con la corteza prefrontal, encargada del proceso de razonamiento y toma de decisiones, sino con la amígdala, que es una estructura en nuestro cerebro que sólo funciona por medio de emociones.

“Nuestro cerebro tiene un ámbito racional, pero al ver deportes, especialmente futbol, afloran nuestras emociones sin censura. Si gritas, lloras, te enojas, nadie te va a criticar. Es un terreno permitido para que vivamos lo que sentimos con más intensidad. Incluso, hasta aquellos que no les gusta el futbol, se integran y surge esa emoción colectiva, porque se contagian de lo que están viviendo los demás”.

“Se pierde la razón”

Así como el futbol nos puede generar sentimientos positivos, también provoca sensaciones negativas, las cuales han sido exhibidas en más de una ocasión, como la que se presentó el 5 de marzo de 2022 cuando se enfrentaron aficionados de Querétaro y Atlas.

Al preguntarle por qué a veces ocurren hechos violentos, ya no sólo en el estadio de futbol, sino también en el propio hogar al atentar contra objetos, el docente manifestó que si bien las emociones negativas no desencadenan actitudes violentas, sí pueden dar pie a que afloren, ya que se pierde la razón”.

“Vienen los sentimientos de impotencia y de tristeza, pero también la ira, y esto combinado puede desembocar en agresiones a otras personas u objetos. Cuando permitimos que los sentimientos negativos nos dominen, decimos que la emoción se transformó en una conducta. Pero siempre hay un freno que pone el lóbulo frontal. Sin embargo, a veces puede pasar a mayores y surge esa violencia que expresa una falta total de control de nuestras emociones. Aquí ya estaríamos hablando de un escenario patológico, porque violentar a otro no es algo normal”, indicó.

Victoria efímera, derrota sufrida

Contrario a lo que se piensa, para el fanático del futbol celebrar una victoria es algo efímero, pero la derrota suele ser difícil de digerir e incluso se buscan miles de razones para entenderla. De acuerdo con Víctor Manuel Rodríguez Molina esto tiene diversas explicaciones.

“Cuando nuestro equipo pierde, duele porque ponemos nuestras expectativas en él. La derrota nos afecta porque pensamos: ‘entonces mi equipo no es tan bueno como yo creía’. Ese pensamiento nos confronta con una serie de vivencias personales. Tenemos una pérdida. Porque esperabas el triunfo de tu equipo y no lo tuviste”.

Igualmente, el docente aclaró que la decepción por la derrota de nuestro equipo puede afectar las emociones de manera significativa. “En estos casos, esto no se da de forma espontánea o exclusivamente por el partido, sino que esas personas ya tienen antecedentes patológicos importantes, y ver que su equipo perdió es el detonante”, concluyó.

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